sábado, 14 de octubre de 2023
sábado, 12 de agosto de 2023
Marcos Andrade - mi padre
Nació un 12 de
agosto, hoy si viviera, cumpliría cien años. Me contaba que de niño siempre anduvo
a las trompadas. Una historia parecida a la de Bastidas con quien peleó de
joven. Mucho menos dramática. Empataron en Argentina.
Entrenaba en el
club Canillitas, ahí por Veinte de Febrero, se repetían las peleas, aquellos
mellizos, no recuerdo el nombre y Orocindo Correa, el Pulga. Lo conocí muchos
años después, en el Palermo, 1968. En ese gimnasio, en el subsuelo de Gonzalo
Ramírez y Santiago de Chile se prepararon los jóvenes que fueron a pelear a las
olimpiadas de México. Estaba siempre ahí, me tomó simpatía cuando le dije que
era hijo de Marcos. Me enseñó muchas tretas. ¡Pobre! Estaba con la radio. Había
escuchado muchas veces esa expresión, es graciosa, cuando conocí al Pulga
recién entendí su significado.
Marcos se
especializó en la reeducación de la parálisis infantil con el Dr. Caritat. Partió
para el interior y allá fundó un gimnasio, Durazno Boxing Club. Trajo a los
muchachos a pelear al Palacio Peñarol. Hizo varios espectáculos en el pueblo.
De niño lo vi
pelear en un estadio repleto. Una pelea que había comenzado años atrás terminó
ese día sobre el ring apaciguador. Subió con pantalón y bata celestes con
líneas blancas. David sin honda contra Goliat. Su rival, sparring del
legendario Archie Moore, quince kilos más pesado. Viejos tercos. Ambos
golpearon su cara contra la lona y ambos se levantaron. Finalizados los diez
rounds tuvieron que contentarse con ver que los brazos de ambos se levantaran.
El nuestro fue
un diálogo continuo y a través de la memoria continúa siéndolo. En ocasiones
salgo a pedalear en la bicicleta en que él iba al hospital, en la que amarraba
el portafolio de cuero con su túnica, el talco y un mínimo botiquín.
Quería que yo
fuera médico. Siempre pensó que me iba a dedicar, como él, a combatir el dolor
de la gente. Pero cada uno es como es, no importa el nombre… A menos que seas
escritor. En mi casa yo era Tabaré, en la escuela y ahora, soy también Marcos.
Como él, los
viernes en que estoy en Montevideo voy hasta la ciudad vieja a decir un par de
oraciones en la cripta del Señor de la Paciencia.
Pienso en su
imagen: fisioterapeuta, boxeador, enamorado, rudo, fuerte, tenaz, pescador,
amigo, compañero, visionario, dio hasta lo que no tenía. Si mirara desde el
punto de vista de mi hermana menor agregaría viejo. En nuestras navidades nunca
dejó de estar presente ese vecino sin familia que, en cada barrio, todos
conocemos.
Recuerdo que mi
sobrina mirándome solía decir: «igualito al abuelo».
Nunca ha dejado
de estar presente, sea en la vigilia, sea en el sueño.
sábado, 3 de junio de 2023
PIRIAPÓLIS VIRGEN DE LOS PESCADORES
He venido muchas veces a Piriápolis. Es un balneario que reúne un conjunto de características que lo hacen muy disfrutable. Queda muy cerca de Montevideo, donde vivo. Tiene lindas playas, cerros, historia. ¿Qué más se puede pedir para pasar unos días de verano?
Este año extendí mi estadía y alquilamos, con mi señora, un apartamento frente a la rambla, por todo el año.
Hoy,
mediados de otoño en Uruguay, decidí caminar, cerca de mediodía, para visitar
una vez más la estatua de la virgen de los pescadores. Una imagen de la virgen
María (Stella Maris) instalada apenas iniciado el siglo pasado. Ahí se habría celebrado la primera misa en los comienzos de la ciudad.
Se encuentra
muy cerca, solo dista un kilómetro y medio del apartamento y se encuentra a una
elevación de solo setenta metros.
Mi morral
está siempre pronto, sea para una caminata o una salida en bici.
Esta vez
me guiaba un hecho adicional. En Piriápolis, la ciudad fundada y construida por
Francisco Piria a fines del siglo XIX se habla siempre de una característica,
una ideología podría decirse, de su fundador. Supuestamente Piria era
alquimista y se dice que dejó muchos signos. Si es verdad o no es
intrascendente, puede que sirva para atraer turistas. Quizá sea así.
Leí que la
imagen de la virgen, presenta una característica particular. El frente es una
imagen tradicional, pero se dice que vista desde atrás es la figura de un
hombre. En otras oportunidades sencillamente no me fijé en ese detalle, o es
poco significativo o el comentario no es real. Así que caminar por caminar
comencé la subida del cerro de San Antonio. Hay una muy buena vista del puerto
de Piriápolis.
Bueno, que
les voy a comentar, no es así. La estatua deja ver los pliegues del cabello de
la virgen, que está sin cubrir y luego el manto que lleva y que no cubre su
cabeza.
Lindo paseo,
una vista hermosa de Punta Colorada y Punta Fría. Para completar el panorama el
claro y límpido día que hizo durante el camino de subida y durante la toma de las
primeras fotos cambió completamente, la niebla cubrió la zona como arrastrándose
desde el oeste y borró totalmente el paisaje. ¡Maravilloso! Comparto los videos.
Hay, a
partir de ese punto, una escalera enclavada en el cerro, con escalones de
adoquines grises. Con niebla o sin ella pensaba igual regresar por el mismo
camino por el que ascendí.
lunes, 13 de marzo de 2023
LOS OLÍMPICOS DEL 24 - Y2K
Es altamente probable que nos suceda a todos quienes nacimos a mitad de siglo, de cualquier siglo, en este caso del siglo XX.
Días
pasados comentaba acerca de un acontecimiento personal y comencé a decir en mil
novecientos noventa y…, de inmediato me detuve y corregí, en dos mil dieciséis.
Fueron
cincuenta años de decir en el sesenta y cuatro, en el setenta y uno, en el
ochenta… era innecesario decir en mil novecientos sesenta y cuatro. Ahora es
obligatorio que digamos el año dos mil dieciséis, no solo dieciséis… algún
automatismo de mi cerebro trata de mantener, ya transcurridos más de veinte
años de este siglo, una nomenclatura arcaica. Este hecho me trae a la memoria
una situación graciosa que ocurrió con el cambio de siglo. Se pensó que podía
ocurrir un error en las fechas de las computadoras, cuando cambiase el siglo.
Fenómeno que dio en llamarse Y2K.
Los
uruguayos campeones olímpicos de fútbol en el año 1924 eran los olímpicos del
veinticuatro, los campeones de 1928 eran los olímpicos del veintiocho. El
primer mundial de futbol fue el mundial del 30.
Si ahora dijéramos
los campeones del 24, quien nos escuche pensará que serán los campeones del año
próximo, que estamos haciendo futurismo. Y pasado un año más se nos preguntará
de que estamos hablando.
En fin
solo es el tiempo, que es igual y es diferente para cada uno. Y aunque no lo
hubiera expresado Einstein en su teoría de la relatividad especial, siempre
supimos que el tiempo no pasa igual para el que espera que para el que viaja. Y
que a la línea del tiempo cada cual la siente de manera diferente y también es
diferente para quien la piensa ahora que hace veinte años.
Pero es
interesante volver al fenómeno Y2K porque no se trató de uno de esos fantoches
que anuncian el fin del mundo. Este fenómeno fue tratado por revistas internacionales
muy reconocidas en la rama de la ingeniería.
Pues si
fallaban los relojes, supongamos de los aviones, que fue uno de los temas
tratados, ¿qué sucedería? Hubo quien pensó en detener todos los vuelos ese día,
pero, ¡Vaya! No hay lugar suficiente en la tierra como para albergar todos los
aviones que existen. ¿Interesante no? Siempre tiene que haber aviones volando…
Hubo, como
es usual quienes se aprovecharon de la situación sugiriendo algún tipo de negocio,
seguros, kits de supervivencia…
Yo trabajaba
para una empresa en mantenimiento de instalaciones eléctricas. Algunos clientes
nos pidieron que dejáramos electricistas de guardia y a otros se los sugerimos.
Hoy día decimos ¡que gracioso! Pero realmente no se sabía como responderían las
computadoras cuya fecha había sido programada hasta el 31 de diciembre de 1999.
Que fecha y hora pondrían cuando transcurriese ese día. Programas antiguos, al
finalizar la fecha de programación saltaban por ejemplo al primero de enero de
1980. A la mañana de la tan temida fecha me llama un ingeniero y me comenta que
no tiene personal suficiente. Yo todavía algo dormido, no soy de levantarme muy
temprano, le respondo, «no hagas nada», el año nuevo, el año 2000 ya había
comenzado en varias partes del mundo y que yo supiera no había pasado nada, ni
se habían caído aviones ni nada por el estilo.
Si las
computadoras sin necesidad de que las programaran especialmente funcionaron
bien, por qué no lo puede hacer nuestro cerebro. Claro que puede. Pero debemos
decir los olímpicos de 1924.
domingo, 5 de marzo de 2023
CUANDO VOS VAS A MISA HASTA EL CURA ESTÁ BORRACHO
Antiguo dicho
cuyo significado expresaba que: a quien se le aplicaba no iba nunca a misa.
Hoy,
domingo 5 de marzo, fui hasta la parroquia y la encontré cerrada. Sabido es que
oigo poco y que, en la iglesia, la mayor parte del tiempo, no puedo utilizar
los audífonos. ¿Por qué? Por varias razones. Debería quitármelos durante los
canticos cuyo volumen es generalmente alto (recuerden que los audífonos no tienen
el rango de respuesta de un oído humano normal). Los sacerdotes tienen la
costumbre de hablar muy bajo. Y quienes hacen las lecturas, bueno, es usual que
no sepan leer, no quiero decir leer en forma genérica, leer para ser escuchados
por un auditorio. Tratándose de que están leyendo la palabra de Dios, lo cual
se da por supuesto, deberían practicar adecuadamente y mostrarse acorde a ese
hecho. Bien, pero ese es otro tema.
El domingo
pasado, en la misa de las 21 h, el sacerdote comunicó el cambio de horario para
marzo. Yo escuché siete o siete treinta, esa era mi duda y diez de la mañana. Así
que me dirigí el domingo de tarde a las 19 h. Como mencioné la parroquia estaba
cerrada. En un local delante de la capilla había dos salones muy iluminados. En
el que estaba sobre la puerta de acceso estaban terminando de trabajar varias
mujeres. En el otro se veía un hombre leyendo o escribiendo. Pregunté, ninguna
de ellas tenía idea, una señora joven, muy amable, se mostró muy dispuesta a
auxiliarme y llamó por teléfono a la persona encargada de abrir y cerrar la
parroquia. Ella le informó que las misas eran los sábados 19:30 h y los domingos
a las 10 h.
Todo muy
bien, se me puede aplicar el dicho, por comodidad no averigüé mejor, tuve todas
las oportunidades el domingo anterior para hacerlo, incluso a la salida cuando
saludé al sacerdote.
Pero, me
queda rondando una pregunta maliciosa. Como puede ser que personas que trabajan
para o relacionadas con la iglesia no conozcan los horarios de misa. ¿Acaso ninguna
de ellas asiste a misa?
No me
había sucedido algo así en el pasado, es cierto que pandemia mediante hubo
muchos cambios momentáneos y la misa por internet pasó en su momento a sustituir
a la presencial. Esto también es un tema que da para conversar mucho. Recuerdo unas
palabras de Benedicto XVI (ya Papa Emérito) al respecto mirando la práctica de
la liturgia desde otro ángulo y refiriéndose a un dicho de Jesús: no cito,
escribo como lo recuerdo: cuando dos o más se reúnen en mi nombre yo estoy con
ellos (Mt 18, 20).
viernes, 20 de enero de 2023
PESCANDO A LA ENCANDILADA
La playa de Piriápolis, además de su forma natural está protegida
por el largo murallón del puertito de yates; se forma así una larga zona poco
profunda y casi sin olas. Un lugar muy apto para ese tipo de pesca, en el
supuesto caso de que abundasen los pejerreyes.
Puse la cámara en el zoom máximo 50X, lo que hubiera dado una
visión adecuada de los pescadores. La oscuridad era tal que apenas pude
confirmar que se trataba de dos personas pescando a la encandilada, lo que se
deducía a simple vista. Era un hombre y un joven, posiblemente su hijo, usaban
short y buzo. Estaban a alrededor de veinte metros de la orilla y con el agua
apenas sobre la rodilla.
De joven, en el río, hace cincuenta años, pescábamos de
manera diferente, ya relataré como.
Esta noche volví a ver las luces cerca de la orilla y dado
que iba a bajar a comprar un par de helados me dije: «¿Por qué no llevar la
linterna y comprobar que tantos pejerreyes hay?».
Durante un día tranquilo, caminando por el agua se observan aleatorios
cardúmenes de pejerreyes pequeños, de modo que debería poder observarlos.
Al acercarme vi dos personas pescando, no eran los de noches
anteriores, estas eran dos mujeres, una mayor, corpulenta y una chica joven. Ambas
vestían bikinis. Llevaban un foco potente, un calderín de unos ochenta
centímetros de diámetro y un bolso. La madre iluminaba la superficie del agua y
la chica sumergía la malla y cada tanto tomaba con la mano algún pez y lo
guardaba.
Pregunté: «¿Hay pejerreyes?». «Algunos», fue la respuesta.
Me alejé unos metros e iluminé la superficie del agua
mientras caminaba de forma paralela a la costa. La noche era agradable y el
agua no estaba fría. Observé algunos pejerreyes de tamaño razonable, mucho más pequeños
que los de río, como es conocido. Al menos en la zona del río de la plata es
así.
Mi pequeña linterna, si bien me permitía observarlos, no los
encandilaba, de modo que apenas me percibían desaparecían con rapidez. Caminé disfrutando,
soñando, hasta que se levantó viento, encrespó la superficie del mar y ya no
pude ver más. Después de todo solo había ido como observador.
De niño, en el río Yi, al principio me tocó mirar desde la
orilla. Un farol a mantilla en lugar de los leds de hoy, una cuchilla mediana en
lugar del calderín. Había que comenzar por aprender a golpear con el lomo del
metal sin que salpicara, de otro modo adiós al vidrio del farol (que estaba
caliente por la combustión del querosene a presión).
Después me tocó llevar el farol y estar atento a los pozos
que presenta el río.
Finalmente pude utilizar el facón. Un golpe justo, un golpe
no muy suave y tampoco muy fuerte que partiera el pez a la mitad. Pero sobre
todo pegar en la cabeza. El pez encandilado queda detenido varios segundos bajo
la luz antes de iniciar la fuga. Ese es el tiempo de que se dispone para asestar
un golpe adecuado.
Una buena noche se capturaban unos sesenta pejerreyes
medianos, (más del doble de tamaño que los que se consiguen en el mar). A la tarde siguiente, fritos, se constituían
en el acompañamiento para el mate de la tarde. en las costas del río por
supuesto.
Hoy al caminar por la arena, al iluminar el agua, no me encontré solo, no sentí nostalgia, mi padre me acompañaba caminando lento, a mi lado. Tan lento como caminaba yo.
viernes, 6 de enero de 2023
Esta luna llena, que hoy cubro con mi gorro,
tiene muchos nombres.
Hoy, día de los reyes magos, sueño con uno
diferente.
Hay quienes la llaman: Luna del Lobo.
Pues pertenecen a lugares donde ese animal es
un símbolo.
No hubo en nuestros pueblos sudamericanos
lobos que le aúllen,
ni llegan hasta aquí los nombres que le dieron
indígenas norteños
Quizá tuvo un nombre guaraní, o quechua, no lo
sé.
Pienso que fueron muy lógicos y en su lengua
fue luna redonda.
Tampoco puedo llamarla luna de hielo, pues
aquí es verano
y la contemplamos junto a las olas de un
cálido anochecer.
No nos llega la mitología de diosas hindúes
Tal vez alguien la relacione con Buda entre
tantas festividades asiáticas,
tan solo como un eco magnánimo.
Hoy 6 de enero de 2023, solo hoy, se me antoja
llamarla luna de los Reyes Magos.
Porque debería haber un regalo, un juguete, aunque más no fuera una caricia para ese niño,
que nos fue dado y que es todos
los niños.
Sueño en la aurora vespertina de ese día
permanente.
Tanto los pastores como los Reyes debían acercarse desde el oeste, tal como camine yo hace cinco años.
Los magos habían seguido la estrella y recalaron en la tierra de Herodes.
Oeste este es la dirección final del recorrido que desde Jerusalén conduce a Belén,
y es el del pequeño
tramo que conecta el campo de los pastores con la gruta del nacimiento.
Y en ese corto camino se vieron alumbrados por esa enorme luna llena, la luna de los Reyes Magos,
la misma que intento, hoy,
atrapar con mi gorro.
Así como no es posible capturar instantes vividos, no puedo
hoy aprisionar la luna.
La foto me recuerda que ese segundo fui feliz, pero no guardó
el encanto,
ni siquiera guardó el motivo.
Si consistió apenas en la dulce acción del momento,
o fue el éxtasis que trae cada luna llena.
Si fue porque hoy es reyes y recuerdo momentos lejanos,
días en que un niño feliz esperó la mañana sin quererse
dormir.
Quizá fue volver a ver la felicidad reflejada en el rostro
de mis padres,
y en el de mi abuela.
¿Fui acaso el rey mago oculto, que sigiloso guardó los
gestos de mis hijas?
Y sin saberlo agigantó con el largo devenir del tiempo.
Quisiera volver, mas el gorro volvió a cubrir mi cabeza,
y ahí debajo sigue estando la luna con sus secretos,
siguen estando los reyes magos visitando al niño,
siguen estando los juguetes, los míos, los de mis hijas, los
de mis nietas y los de mis amigos,
siguen estando los semblantes felices de quienes me
quisieron tanto y a quienes tanto quise.
Por algún rincón sigue estando un beso tan grande como la
luna llena de este seis de enero.
Comentario: alojarnos en Belén
ADIOS A UN COMPAÑERO
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