miércoles, 3 de junio de 2026

ADIOS A UN COMPAÑERO

 

Falleció ayer, 2 de mayo de 2026, el Dr Luis Alberto Beguiristain Francia – amigo de toda la vida, excelente estudiante, profesor, médico cirujano. Una vida ejemplar dedicada a los demás.

 

Qué mejor que recordarlo en un cuento real de final abierto:

 

Durante una clase de literatura, posiblemente de cuarto año, el profesor, el Dr Williman, para darle sabor a la clase relató un hecho que había ocurrido entre dos escritores muy amigos. No sé qué tanto de verdad contenía o si fue solo ficción.

 

Llamémosles Pedro y Juan a estos amigos. Discutiendo un día sobre la muerte y el más allá acordaron lo siguiente: aquel de los dos que muriera primero, si descubría que era posible, intentaría hacerle llegar una señal al otro. ¿Cuál hubiera sido la forma de comunicarse? Dependería de las posibilidades que encontrara en ese desconocido camino.

 

Transcurrieron varios años. Habían olvidado la conversación de aquel día. Pedro, sentado en el sillón del estar, leyendo, vio de pronto que la gran araña que colgaba del techo comenzó a pendular. La lámpara osciló dos o tres veces y volvió a detenerse. No había viento ninguno. Entonces Pedro dijo:

 

—Ha muerto Juan

 

Alberto sitiado a dos filas de mi banco hizo un gesto que comprendí de inmediato. No se necesitaban palabras entre nosotros.

 

Ambos continuamos nuestros caminos, él se recibió de médico y se especializó en cirugía, yo me recibí de ingeniero. Pasados alrededor de veinte años se me vencía el plazo para presentarme a una beca en Buenos Aires. Me faltaba un carné de salud. No lo dudé, levanté el teléfono, disqué el número de la guía telefónica. Minutos después estaba él con Luis, su padre. La amistad y la confianza no habían cambiado. Estuve unos meses en Argentina, no bien volví a Montevideo, una semana después partí para Hungría.

 

Pasó el tiempo, aparecieron las redes sociales, intercambiamos algo sobre un aniversario en la querida escuela del cañón (escuela número 6, Juan Zorrilla de San Martín) en Durazno. Él había asistido y mencionó que también lo había hecho nuestra maestra de cuarto año, la Srta. Elena Bessonart.

 

Ayer miré el plano de la ciudad de Durazno en internet para verificar el nombre de una calle que pensé equivocadamente que había cambiado. Tenía el nombre de una maestra muy anterior a nuestra generación. Conversé con la IA para saber quién había sido. La conversación continuó y vi con nostalgia que no recordaba el nombre de dos de mis maestras, el de una de ellas aún no lo he recuperado. Pensé de inmediato en la solución más obvia. Le preguntaré a Alberto. No lo hice en el momento. Rato después mi esposa me avisó que Alberto había fallecido.

 

¿Fue el nombre de la maestra el oscilar de la lámpara de techo? Pensando en eso, dejé en su página de Facebook el siguiente mensaje:

 

Siempre estarás presente Alberto. Querido compañero de estudios. Escuela y liceo juntos. Compartimos la bandera en la querida escuela de "El cañón" Rezaré por ti. Tú entenderás.

 

En su relato, El reloj de arena, termina escribiendo:

 

Nuestro tiempo, es una experiencia única y personal donde cada uno puede elegir como vivirlo, seamos capaces de darnos la oportunidad de disfrutar con alegría cada instante de cada día.

viernes, 3 de abril de 2026

VIERNES SANTO


 Han sido muchos los Viernes Santos que he vivido, tantos como mi edad —76— muchos no los recuerdo, otros han sido tan similares que me parecen uno. Viajaré al pasado por alguno de ellos:

De niño recuerdo cercana y muy lejana aquella semana entera de vacaciones. Una semana triste, sin música en la radio, porque había muerto Jesús. La semana de la vuelta ciclística, la del bacalao del viernes, la de ese vecino —gracioso— que ese día hacía un asado en el jardín. Las iglesias (que eran dos en el pueblo y con mis padres íbamos a una de ellas). La semana de salir un día al campo, un día de picnic familiar. Recuerdo en particular aquella última en que nos acompañó la abuela. También los chicos del barrio teníamos nuestra propia vuelta ciclista y uno de los días, después de mediodía, a la hora de la siesta, tomábamos nuestras bicis y pedaleábamos por el pueblo.

El recuerdo más vívido es otro. Ya era un hombre grande y fumaba.  Sí, también hubo un periodo de casi diez años en que fumé, y llegué a fumar mucho: dos cajillas de veinte cigarros por día. No comer carne un día no era un gran sacrificio, aunque sí que comíamos mucha carne en este país ganadero. Como no trabajábamos esa semana volvíamos al pueblo. Se me ocurrió agregar algo: no fumar el Viernes Santo. Ese sí, era un sacrificio grande. Todo un día sin saber que hacer con las manos y el cuerpo pidiendo ingerir algo de humo tóxico. Hasta que llegaban las doce de la noche, en teoría ya estábamos en sábado, pero un esfuercito más no costaba nada. No duró mucho, quizá tres años, luego dejé el cigarrillo definitivamente.

Tiempo después, ya no fumaba, sustituí no fumar por no beber alcohol ese día. Hoy continúo haciéndolo. No agregué un sacrificio muy grande.

Algunos años fui al viacrucis de la iglesia. Esta semana confundí el horario y encontré la iglesia el balneario cerrada. Muchos de los viacrucis consistían en una mera representación casi teatral, con mucho público. Era más sentido participar cualquier viernes de cuaresma. Aunque me vaya de tema, un miércoles de la semana de carnaval, paso por el centro del barrio para ir a buscar a mi señora y mi nieta que había ido a misa, una misa a mitad de la tarde. Llegué tarde y me estaban esperando en una zona de juego para niños. Mi nieta, y mi señora también, tenían una mancha con forma de cruz en la frente. En ese momento descubrí lo que era el Miércoles de Ceniza. Veinte años después la marca la realizan sobre la cabeza, en la zona cubierta por el cabello ¿para qué no se vea al salir? Una marca con las cenizas de las ramas de olivo benditas durante el domingo de ramos del año anterior. “Convierte y cree en el evangelio (antes se decía “del polvo vienes y en polvo te convertirás”.


ADIOS A UN COMPAÑERO

  Falleció ayer, 2 de mayo de 2026, el Dr Luis Alberto Beguiristain Francia – amigo de toda la vida, excelente estudiante, profesor, médico ...

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