viernes, 3 de abril de 2026

VIERNES SANTO


 Han sido muchos los Viernes Santos que he vivido, tantos como mi edad —76— muchos no los recuerdo, otros han sido tan similares que me parecen uno. Viajaré al pasado por alguno de ellos:

De niño recuerdo cercana y muy lejana aquella semana entera de vacaciones. Una semana triste, sin música en la radio, porque había muerto Jesús. La semana de la vuelta ciclística, la del bacalao del viernes, la de ese vecino —gracioso— que ese día hacía un asado en el jardín. Las iglesias (que eran dos en el pueblo y con mis padres íbamos a una de ellas). La semana de salir un día al campo, un día de picnic familiar. Recuerdo en particular aquella última en que nos acompañó la abuela. También los chicos del barrio teníamos nuestra propia vuelta ciclista y uno de los días, después de mediodía, a la hora de la siesta, tomábamos nuestras bicis y pedaleábamos por el pueblo.

El recuerdo más vívido es otro. Ya era un hombre grande y fumaba.  Sí, también hubo un periodo de casi diez años en que fumé, y llegué a fumar mucho: dos cajillas de veinte cigarros por día. No comer carne un día no era un gran sacrificio, aunque sí que comíamos mucha carne en este país ganadero. Como no trabajábamos esa semana volvíamos al pueblo. Se me ocurrió agregar algo: no fumar el Viernes Santo. Ese sí, era un sacrificio grande. Todo un día sin saber que hacer con las manos y el cuerpo pidiendo ingerir algo de humo tóxico. Hasta que llegaban las doce de la noche, en teoría ya estábamos en sábado, pero un esfuercito más no costaba nada. No duró mucho, quizá tres años, luego dejé el cigarrillo definitivamente.

Tiempo después, ya no fumaba, sustituí no fumar por no beber alcohol ese día. Hoy continúo haciéndolo. No agregué un sacrificio muy grande.

Algunos años fui al viacrucis de la iglesia. Esta semana confundí el horario y encontré la iglesia el balneario cerrada. Muchos de los viacrucis consistían en una mera representación casi teatral, con mucho público. Era más sentido participar cualquier viernes de cuaresma. Aunque me vaya de tema, un miércoles de la semana de carnaval, paso por el centro del barrio para ir a buscar a mi señora y mi nieta que había ido a misa, una misa a mitad de la tarde. Llegué tarde y me estaban esperando en una zona de juego para niños. Mi nieta, y mi señora también, tenían una mancha con forma de cruz en la frente. En ese momento descubrí lo que era el Miércoles de Ceniza. Veinte años después la marca la realizan sobre la cabeza, en la zona cubierta por el cabello ¿para qué no se vea al salir? Una marca con las cenizas de las ramas de olivo benditas durante el domingo de ramos del año anterior. “Convierte y cree en el evangelio (antes se decía “del polvo vienes y en polvo te convertirás”.


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