miércoles, 14 de julio de 2021

Precuela de Sherlock Holmes - El conde

 

En la recopilación de relatos de escritura creativa de CAFE LITERAUTAS de mayo respondimos al reto de narrar una precuela del famoso personaje de Conan Doyle.

Lo que escribo no relata, como se ha hecho usual, una de las hazañas de mi querido Holmes. Aconteció que caminaba distraído contemplando la hilera de tiendas elegantes en Rugby. Doblé por la calle Sheriff y después de la tienda de tabacos y de la pequeña tienda de periódicos, el azar me guio a un anticuario y venta de libros viejos. Buscaba distraído, tan solo para matar el tiempo, y me atrajo el algo deteriorado diario de un niño, exalumno del colegio de la localidad; y por supuesto estaba además a un precio irrisorio. El nombre del niño era Jim Moriarty.

Curiosamente, debido a esa adquisición fortuita, me enteré que en ella mi amigo cursó el último año escolar.

No le había escuchado mencionar esa escuela, pero sí muchas veces, para mi sorpresa, lo recuerdo vociferando, sin un oyente, discrepando con los métodos de enseñanza humanísticos todavía vigentes de la reforma de Thomas Arnold; considerado allí un grande. Ahora lo comprendo. Había acontecido en la escuela a la que asistió.

El refinado diario que adquirí describía un incidente fechado el 15 de enero de 1865. Aludía a la visita de un diplomático italiano, un conde de Milán, para ser más preciso. Estaba escrito su nombre, pero una pequeña mancha de tinta, casi eliminada, no permitía que se leyera en toda su extensión, y aunque me figuro cuales son las dos letras dañadas, por prudencia no lo haré público. El conde habló a los chicos acerca de pequeños detalles de la historia imperial romana.

El diario continuaba diciendo que, finalizada la reunión, el hombre, que era un amante de la música, tocó al violín el Divertimento en Re Mayor de Mozart. Para el final cambió abruptamente e interpretó temas zíngaros, las melodías alegres de esos terribles gitanos húngaros.

El chico había marcado como muy destacada la presentación, describiendo al Conde de esta manera:

«Un caballero de rostro ebúrneo, vestido con levita de cuello ancho y solapas, color azul, casi negra, un llamativo chaleco y un pantalón claro, con un sombrero de copa no demasiado alto. Botas de media caña».

El relato contiene un detalle inusual, al menos para su forma de escribir, según pude observar comparando con el resto del diario. Dice así:

«Sorpresivamente, finalizada la presentación el caballero solicitó autorización a la maestra para hablar unos instantes conmigo y con mi compañero. Comenzó diciendo:

—Vosotros parecéis hermanos y rivalizáis como tales. Ahora para ser admirados por vuestros maestros y por el resto de los alumnos. Intuyo algo extraño, algo oscuro en vuestro actuar que puede convertirse con los años en algo siniestro.

—Pude sondear —dijo Sherlock— que observó el comportamiento del grupo mientras muchos corrían durante el recreo. Cuando comenzó la clase no se presentó de inmediato, sino que continuó atisbando. Entiendo que lo hizo para asimilar nuestra forma de expresarnos, ¿qué lenguaje empleábamos cuando no éramos observados?  ¿Cómo procedíamos?

—No crea que no lo vimos —agregué

—¿Por qué haría eso? Presenté mi pequeña conferencia en latín culto, siguiendo la solicitud del director.

—¿Dedujo lo que nos acaba de decir mientras nos observaba, en el recreo, o durante nuestra entrada al salón? ¿Por qué particularmente a nosotros? —añadí.

—Les he dicho lo necesario, ahora me retiro, debo tomar el próximo tren.

—Puedo ver el billete —preguntó Sherlock— nunca he visto un pasaje de tren hacia Milán.

Cuando el hombre terminó de mostrarle varios billetes, algunos marcados incluso, mi compañero dijo:

—¿Es usted uno de los que están huyendo a América? No simpatiza con la Italia unificada, con Garibaldi o con el rey.

—Voy a América, sí. No sé qué ha visto en mis papeles. No solo no veo futuro en mi país sino en toda Europa. Eres un joven muy observador.

—No será más conde. Esos títulos no existen en América. —Dije— ¿Seguirá a Darwin a las Galápagos?

—Para nada dijo Sherlock. Este hombre va a parar en el Rio de la Plata.

El hombre sacó una pipa bulldog de un estuche finísimo de cuero y cargó el aromático tabaco. Me vinieron unas ganas tremendas de fumar como él. ¡Habrá tantas cosas esperándome cuando crezca!

Creo que Sherlock tenía alguna visión del futuro, que presagiaba hechos determinados; solo así pudo llegar a decir esa última frase. No pude observar nada que delatara esa situación particular del caballero italiano. Y como he escrito tantas veces, en este mismo libro, tenemos la misma capacidad de observación y de deducción. Lo curioso es que para algunos temas él es mejor. Para otros lo soy yo. Y además es un hecho repetitivo. En unos años seré detective, quizá él sea un ladrón a quien deba atrapar. El gran detective Moriarty. Tendré una oficina con una gran chapa de oro en la puerta.

Lo que más me llamó la atención fue lo siguiente: antes de que se retirara Sherlock le dijo algo en secreto. El Conde sonrió. De su maletín tomó el reluciente estuche, lo abrió, observó la pipa unos segundos. Volvió a cerrar el estuche, lo acarició, como si quitara el polvo de ese objeto impecable, limpísimo. El hombre regaló la pipa a mi amigo.

Pienso que las cosas más extrañas e insólitas suelen estar relacionadas a temas sin importancia. Me dijo simplemente que se la había pedido. No le creí. Analizándolo mejor quizá sea la verdad.»

Interesante relato. No quise mostrar el diario a mi amigo Holmes. Es un misterio por qué nos encontramos con maestros casuales a los que se admira u odia por el resto de nuestra vida. Creo que, tal vez sin recordarlo, tanto uno como otro con el tiempo se convirtieron en espejos que reflejan imágenes distintas de este Conde. Hasta he llegado a pensar que lo que había creído antes, acerca de que sus acordes al violín reflejaban ocultos pensamientos, no son más que armonías dispares de la música zíngara del conde.

Guardaré este relato con otros apuntes de mi amigo, quizá reconsidere y lo agregue en alguna de las historias.

Dr J Watson

 

domingo, 14 de febrero de 2021

El Premio Nobel de Literatura 2020:

 

poesía, intimidad y paralelismos mitológicos


“Mi cuerpo estirándose como una lágrima a lo largo del papel”


La escritora norteamericana Louise Glück fue galardonada este año con el premio Nobel de Literatura 2020. Una poetisa de 77 años, con una extensa obra en idioma inglés, con pocas obras traducidas al español y muy poco conocidas en nuestro medio.

Los premios siempre generan controversia, especialmente el Nobel y este no es una excepción; salvo que en este caso no agitó demasiado la atmósfera de un mundo aplacado por el virus.

En la conferencia por internet de la Feria del Libro de Guadalajara, México, sobre la autora, la escritora Argentina María Negroni, refiriéndose al Nobel dijo: “los premios son siempre azarosos, arbitrarios, responden a cuestiones que exceden a la literatura”.

Comprobaremos con el correr de los próximos años si el premio sueco se está acercando a lo que Harold Bloom denominó Escuela del Resentimiento. Es necesario dejar en claro que él se refería al llamado Canon Occidental de literatura.

Porque a Louise Glück la leemos por el Nobel, pero debemos leerla como si no lo hubiera ganado, para no forzar siempre enojosas comparaciones.

La poesía de Glück es una especie de regreso a las formas tradicionales, a las formas de contemplación y de este modo también representa una ruptura. En la poesía norteamericana se ubica entre dos propuestas diferentes: por un lado, las que corresponden a la poesía confesional (poetas rabiosas las llamaría Negroni) y en el otro extremo a la voz del feminismo declarativo.

En su libro POEMAS (1962-2012) se agrupan las publicaciones de la nueva Nobel escritas durante el periodo. Los más conocidos son: El iris salvaje, libro con el cual ganó el premio Pulitzer de literatura (1993). El regreso de Aquiles (1985) por el cual recibió nominaciones y el libro Averno (2006).

De este extenso mundo poético comentaremos brevemente fragmentos de poemas suyos, de tres libros, que marcan la evolución literaria de la autora.

Del libro Firstborn (1968) tomamos un fuerte poema de nombre vulgar: El Huevo. Está dividido en tres niveles como suele ser su estilo. En el primero la protagonista vive sobre un vehículo y lava alegremente su ropa interior en el Atlántico. El segundo refiere con fiereza a una visión en directo “Mi cuerpo estirándose como una lágrima a lo largo del papel”, ve los focos reflejados en los lentes de quien ejecuta el aborto. En el tercero busca pedazos del bebé en la basura. Sus sentimientos y sus ideas están por demás explícitas en una poesía desgarradora y violenta, muy simbólica. Un ser que no pudo ser y que aún hoy continúa peleando. Léala, si puede hacerlo en su propio idioma mejor. No va a ser tan difícil como para un muy conocido y antiguo profesor de matemáticas que estudió alemán antiguo para leer la historia de los nibelungos. Tampoco crea que comprendo todo, solo busco en el texto mis preguntas y el placer estético de escuchar sus lecturas.

Con un estilo literario más reposado, en el libro El Iris Salvaje, desde una visión subterránea, desde las raíces de las plantas de su jardín, sin poder ver la luz, se preocupa por su alma muda. En el resto del libro interpelará a un dios que no tiene todas las respuestas. ¿Cómo? Vislumbrando una puerta, solo vislumbrando. No hay otro dato. Nuevamente tres niveles, desde el inframundo intenta ver el cielo a través de la tierra. Puede decirse que si miras el mundo con detenimiento terminas mirando hacia tu interior. Es lo más lejos que podemos llegar razonando y ya es bastante. La poesía utiliza con frecuencia esa disposición verbal de no dirigirse a nadie y en consecuencia a todos y por lo tanto ser intemporal. Así lo hace la escritora en su repetido renacer. Ser, no ser, nacer y morir.

El libro Averno, comienza con el poema Migraciones Nocturnas. Muerto el cuerpo ella preguntará si el alma necesita de los placeres de la belleza de la tierra, de contemplar las oscuras golondrinas, —las que no volverán. En el poema Perséfone la Viajera, utiliza el mito para desvelar sus propios sentimientos maternos. Perséfone fue raptada por Hades; ¿o huyó del cautiverio de su madre? Nuevamente, una mirada a ese mundo mitológico, pero también a su interior, a las intrincadas relaciones de su cama materna, sobre las que ha escrito con anterioridad. Prisma es un ejemplo de ironía, tomemos dos versos: “cuando te enamoras, dijo mi hermana, es como ser impactada por un rayo/…/lo que mirábamos como adultos no eran los efectos del rayo sino de la silla eléctrica” (traducción libre).


La artista nos interpela y a través de sus inquisiciones va rebelando su historia personal, aunque de pronto, ni siquiera ella las conozca en profundidad. Si lees su historia comprenderás mejor sus preguntas, pero como en toda lectura esas preguntas son tus preguntas, las que, sin saberlo, la poetisa escribió para ti, y si no las encuentras hoy, simplemente intenta leerla en otro momento.

Es un encanto leer a esta mujer de lenguaje suave, en apariencia sencillo, escrito en un inglés sumamente entendible. Escuchar sus poemas nos permite adentrarnos en una musicalidad serena. Y la utiliza para desarrollar ideas retrospectivas sobre la vida familiar, profundamente enraizadas con el destino del alma humana y el envejecimiento del cuerpo. Del olvido y del querer tener una voz.

Para nosotros ha llegado el momento de escuchar esa voz.

Poems 1962-2012, Louise Glück, MACMILLAN Farrar, Straus & Giroux 656 pp, kindle edition

 












viernes, 25 de diciembre de 2020

Allanando el camino

por Jeremías Torri.


Cada tanto, muy cada tanto, me vuelven las ganas de dibujar, de pintar. Pensando en que vienen las vacaciones y es lindo hacer algo diferente mientras esperamos que se hunda la boya o que ronque el reel, porque algún pez ha picado. Entonces retomo mi equipo, aunque más no sea para desempolvarlo y volver a guardarlo. Tengo desde hace mucho tiempo dos muñecos articulados, de las primeras cosas que me aconsejaron usar cuando comencé con ese hobby. Pues no estaban donde se suponía que deberían estar. Los había visto hacía relativamente poco tiempo.

Están cercanas las vacaciones y pienso en el río, en el mar, en la playa. Aunque: diciembre es un mes de examen, y no lo digo por los estudiantes, lo es porque finaliza el año, porque se hacen los balances, porque sirve para planificar, para cambiar, para mejorar para el próximo. Con el tiempo previo a Navidad sucede algo similar. Es un tiempo de examen y propuesta de cambio. Una época de volver al amor primero. Tal es el juicio que en el libro del apocalipsis se le hace a la iglesia de Éfeso. “Pero tengo contra ti que has dejado tu primer amor. Recuerda, por tanto, de dónde has caído…”

Tal discurso no fue desoído. Sobre el pequeño escritorio escolar —que ella estaba lista para dejar el próximo año— despejado y cubierto por una tela azul, en una esquina de su habitación, en un pequeño espacio diáfano estaban las figuras de María y José. Interesantes figuras atemporales realizadas con mucho amor. ¿Por qué? Por los pormenores que abundaban. María con una capa celeste. Hasta el detalle de los zapatos que con toda seguridad tomó de uno de sus juegos.

Los dos muñecos articulados casi no se distinguían debajo de una cuidadosa y bastante bien lograda vestimenta de telas de colores, pinturas, ramas, hojas y flores secas. En posturas estudiadas, las de la madre, las del hombre calmo. Y mi nietecita sonriente y abstraída.

 

—Hola, ¿cómo está mi nieta linda?

—Jugando…

—No has visto…

—Para nada. ¿Qué te parece el escritorio abu? Viste, he enderezado el camino… ¿Viste a María y José? ¿Están bonitos verdad?

—Claro, preciosos, donde aprendiste a hacer esas vestimentas, te estás convirtiendo en una artista.

—Es que estoy contenta porque viene Navidad, porque me gusta lo que hago, porque espero que nazca el niño. No es igual desear que esperar. Esperan los padres. Esperaban María y José.

—Cierto. No lo vi al niño.

—Pero abu, todavía no nació. ¿Tú que esperas?

—Que te diré, mis carriles son más difícil de enderezar. No es fácil cambiar. Allanar los caminos, enderezar las sendas siempre tiene que ver con la humildad. Resolver algún obstáculo que me aparte de los demás. Hay muchos…

—Alguna vez, de niño, debes haber leído “El Principito”: “Si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde, a partir de las tres empezaré a ser feliz. A medida que se acerque la hora me sentiré más feliz. Y a las cuatro, me agitaré y me inquietaré; ¡descubriré el precio de la felicidad! Pero si vienes en cualquier momento, no sabré nunca a qué hora vestirme el corazón...” Por eso festejamos Navidad.

—Y porque vino a los suyos y los suyos no lo recibieron…

—Eso no lo entiendo, abu, ¿por qué habrían de hacer eso?

—Porque son libres, y está bien. Porque la libertad que no nos pueden quitar, la única, es la de elegir nuestro propio camino.

—Quieres que te responda: “despierta hombre”

 



jueves, 24 de diciembre de 2020

PREPARANDO LA NAVIDAD

    Desde siempre hemos mirado la Navidad con un poco de nostalgia. Mientras vimos, primero en las postales, luego en las películas, esos copos de nieve que flotan en el aire y leves se dejan arrastrar por la brisa. Recuerdo, en los comercios las bolsitas transparentes con blanquísimas formas inmaculadas, o las circulares, regalos del papel de las perforadoras que traían de alguna oficina. De esa forma se esparcían sobre el arbolito y ya había nevado. Una nieve que no conocemos en nuestro país.

También, por única vez en el año se comían productos de otros países lejanos, países del norte. Hoy el consumismo hace que esos productos estén disponibles todo el año. No había regalos en Navidad, los niños esperarían su día, el seis de enero, el día de los reyes magos. La noche anterior dejarían sus zapatos con la ilusión de ver al día siguiente plasmados sus sueños y sus pedidos; en una época de menos juguetes que esta y con mayor aporte personal.

Pasado el tiempo olvidamos esa pintura, muchos conocimos la nieve en las lejanas montañas o en diferentes viajes. También supimos que en Belén no nieva. Nuestra navidad se hizo más tradicional. Un árbol sin nieve, el plástico hizo olvidar la rama de pino que los niños, de forma furtiva, tomábamos del seto vecino.

Cordero asado, chorizos, morcillas. Lo nuestro. Pensando en celebraciones de otro momento recuerdo cuadros de la escuela peruana donde en la última cena, en lugar del cordero pascual, se servía cui asado. La natural inculturación.

Esta navidad volveremos a disfrutar de nuestro verano, de nuestro fuego, un gran fuego y de nuestro asadito. Todo vale, si no hay patio, o fondo, está la azotea para colocar un medio tanque y encender el juego, también vale utilizar la vereda.

Disfrutaremos todos, al aire libre, familias más reducidas, con el tapabocas al que ya nos hemos acostumbrado. Nada de encierros, y si llueve para algo están los amplios aleros o las galerías de chapa. En esta época solemos tener un cielo diáfano y celeste. Celeste como la vestimenta de la virgen en la balconera, como nuestra bandera y como nuestra camiseta.

El día anterior viajaré unos pocos kilómetros hasta la chacra y sacrificaré el cordero. Recordaré a mi viejo carneando el lechón que había comprado en pie.

El 24 soportando el calor, a las 17 horas, iré preparando el fuego. El cordero estará pronto para las diez. Antes de la cena se reunirá la familia, los que estén, porque con hijos grandes y como debe ser, cada uno fue formando su propia familia. Hoy ya sus hijos se preparan para formar las suyas. Cada quien leerá el relato que ha escrito, ha escogido, o el canto, si sabe hacerlo.

Cuando lleguen las 12 de la noche al brindar diremos Feliz Navidad.

 

    Recordaremos que la sagrada familia pasó sola, mientras en el pueblo de David no cabía más gente. Sola en la tierra, sola con Dios y su esplendor que comunicó la buena noticia a los más pequeños. Desde el hoy llamado parque de los pastores esos hombres, nómadas todavía, fueron a recibir al niño. También vendrían los reyes magos, nunca sabremos quienes fueron, sabios que siguieron una estrella. No olvidemos que no solo los marineros conocen las estrellas, también los nómades y también los pájaros que migran por la noche. ¿Y qué pájaros son esos? Pues entre ellos, el que más conocemos, las golondrinas. En estos días la conjunción de júpiter y saturno nos mostrarán al atardecer una estrella particular en el cielo del oeste, una estrella muy rara para quien conoce el cielo, una estrella que, para quien vive en Babilonia señala hacia Judea.

Y hoy que el asador ya hace tiempo que partió en busca del niño, hoy que el mundo cambió, pero él no lo supo. No supo que sería difícil invitar en cada navidad a ese vecino que pasaba solo, porque no tenía familia. Quizá en el barrio donde vivía, alguien haya continuado transitando su senda. Su recuerdo siempre estará a través de sus infinitas vivencias, a través de sus enseñanzas, de lo que hizo bien y, como todos, también cuando se equivocó. Hoy, esta Navidad, como todas, no lo recuerdo en su caminar, lo veo junto al Niño y como el niño que nunca dejó de ser.

domingo, 18 de octubre de 2020

LA MÚSICA DE MURAKAMI

 

Haruki Murakami, el escritor japonés, ha teñido sus libros con canciones occidentales. Previo al inicio de su carrera, junto a su esposa, instaló un bar-jazz en las inmediaciones de la estación de metro Sendagaya, en Tokio. Se escuchaba música de continuo, jazz. Los sábados se realizaban espectáculos en vivo.

Treinta años después, sentado frente al computador, transformaría en letras la variopinta clientela que lo frecuentaba y extrapolaría en ellas a sus difusos personajes.

Un día decidió dedicarse a escribir y viró sus metas en arriesgada tarea. Comenzó también su otra pasión, la de corredor. Durante los trayectos le era más útil el rock según cuenta en su libro: De que hablo cuando hablo de correr… “Correr, como escribir, consiste en no perder el ritmo” —dice Murakami— “cuando escribo no escucho música, escribo en silencio. Dedico sí muchas horas del día a escuchar música”.

Para el lector atento la música guía la novela, la música culta indicará un cambio en el estado del mundo ficcional, y serán los blues, el rock o el jazz los que acompañarán los altibajos emocionales de los personajes, así como el tiempo y el paisaje.

Murakami no es un profesional de la música es un fan, no ejecuta instrumentos ni lee música, traslada esa pasión a sus novelas. No se concibe un personaje de Murakami que no vibre ante determinadas melodías.

Si existe una novela que refleja esa simbiosis entre música, soledad, realismo mágico y sexo, esa es: Norwegian Woods. Obra con la que el escritor obtuvo su primer gran éxito. Murakami es un escritor sumamente estructurado y esto va desde la música que escucha y sus carreras de maratón a su planificada forma informal de vestir. Ante un panorama donde abunda la lógica, por qué no preguntarnos si la canción no fue una estudiada forma de tomar prestada parte de la fama de los Beatles. Es curioso, pero pasado el tiempo, podríamos hacernos la pregunta en sentido inverso, sobre todo pensando en nuevas generaciones, no es ahora esa novela que se deja deslizar con suavidad ante nuestros ojos una forma de reedición del famoso grupo. Porque como suele decirse las canciones son tan fugaces y pasajeras…

La letra de la canción refiere a que el cantante y una chica conversan y beben vino en una cabaña de pino (madera noruega) sentados en una alfombra en el piso hasta las dos de la mañana. Cuando él despertó ella no estaba (el pájaro había volado). Al final dice él prendió un fuego. Algo así hacía al final del espectáculo Van Halen con sus instrumentos.

En la novela Watanabe, el héroe, se ve muy ligado a una chica, ex novia de un amigo suyo que se suicida. La chica aparece tiempo después internada en un sitio de descanso entre las montañas, permanecen dos días en una especie de cabaña de madera, toman vino, escuchan la música que su compañera de pieza, una antigua concertista con las manos dañadas, toca en una guitarra. Al tiempo la chica se suicida. Es una forma de desaparecer. La canción de los Beatles suele llamarse también This Bird Has Flown. El funeral (el fuego) aparece como un encuentro entre Watanabe y la amiga, vino, recuerdos y sexo mientras ella toca los temas que recuerda.

La novela refleja la vida del estudiante de los años 1967 a 1970. Los años de estudio del autor y los recuerdos novelados de Watanabe son sus recuerdos.  Las fugaces amistades, las primeras relaciones sexuales y la soledad.  El ansia de los jóvenes de explorar nuevas situaciones tiene su paralelismo con la canción. En ella George Harrison experimentó con un sitar, especie de guitarra hindú.

En: 1Q84, posiblemente el libro más conocido del escritor japonés, este recrea con amplitud su elaborada técnica de realismo fantástico. Es un libro donde hay, por un momento dos tiempos paralelos el año 1984 (que no por casualidad ha sido elegido, sino en base a la obra de Orwell) y otro llamado 1Q84, un mundo distópico.

La obra consiste en tres libros, cada uno de ellos contiene dos secciones que se alternan capítulo a capítulo. La novela comienza así: la protagonista de la primera sección, una especialista de artes marciales y sicaria de hombres abusivos viaja por la autopista… “La radio del taxi retrasmitía un programa de música clásica por FM. Sonaba la Sinfonietta de Janácek…” La segunda sección tiene como protagonista a un joven profesor de matemáticas y aspirante a escritor. Desde el comienzo también predomina la música, en este caso es el silencio que acompaña en él un recuerdo imposible. Los momentos bisagra entre ambos mundos están constituidos por la Sinfonieta.

El relato del atascamiento en el taxi es tan detallista que enciende en el lector el deseo de escuchar esa música. Y efectivamente lo ha hecho. Si se busca la obra de Janacek en Youtube y se leen los comentarios, que hay cientos, el escucha ha arribado a la página a través de la lectura de 1Q84.

Al comienzo de la novela: Crónica del pájaro que da cuerda al mundo el protagonista recibe la misteriosa llamada telefónica de una mujer que le pide diez minutos… suena la Gazza Ladra de Rossini. Un cambio ha comenzado, podrá preguntarse el lector si está relacionado con el título de la obra.

En los últimos tiempos Murakami ha incursionado en libros de no ficción. No sé si son los que sus lectores esperan. Acaba de publicar: Música solo música que escriben con el director de orquesta Seiji Ozawa durante una serie de encuentros. Abarcan tópicos que van desde el concierto N°3 de Beethoven, la relación entre escritura y música, los blues de Chicago, las alegrías de la ópera, la academia internacional Osawa en Suiza y la enseñanza de la música.

Murakami es un coleccionista de discos. Durante las conversaciones comparan pasajes de obras de diferentes conciertos, las modificaciones de las ejecuciones; tiempos y formas. Es la tradición musical de la obra que varía con cada solista.

En una pequeña ciudad suiza, Rolle, a orillas del lago de Ginebra opera la academia internacional Seiji Ozawa. Consiste en un seminario destinado a jóvenes instrumentistas de cuerda. Durante 10 días brillantes músicos, entre veinte y treinta años, se reúnen para un retiro durante el cual reciben una intensa formación. Es un edificio antiguo del ayuntamiento, cargado de historia. Cada noche tocan en un castillo frente a los habitantes de la ciudad.

Para Murakami lo que ocurre allí es el proceso de creación de lo que llama “buena música”

Osawa destaca ese vertiginoso aprendizaje como algo realmente increíble, “solo se entiende cuando uno lo ve con sus propios ojos”

Murakami responde: “Soy escritor, una especie de artesano solitario en cierto sentido. Observar cómo nace el arte en el seno de un grupo de gente joven es algo que me ha conmovido profundamente”.

El uso de la música tiende a afirmar la occidentalización de la escritura de Murakami, ya influenciada por sus innumerables viajes a Europa y USA y a su trabajo de traductor de inglés. Es común el amor a la música por parte de muchos escritores. En ninguno es tan manifiesto como en Murakami.


martes, 13 de octubre de 2020

PRIMER RECUERDO

 

He escuchado a muchas personas hablar sobre su primer recuerdo. Reconozco que no les he prestado mayor atención. Me preguntaría cuál es su significado, ¿conocerse mejor? Yo hablaría de primeros recuerdos, porque seamos sinceros esos que creemos nuestros recuerdos están generalmente muy influenciados por relatos de los familiares, por fotos de la época, por tantas cosas…

Si concuerdo en algo, es un ejercicio que no dejamos de hacer, un hecho al que alguna vez hemos dedicado nuestro tiempo. Por lo general en los relatos siempre escucho hablar de algún hecho detonante, fuera de lo común, llamativo.

Para no dilatar demasiado esto digamos que yo tengo dos recuerdos que compiten por ser el más antiguo, como si fueran Peñarol y Nacional.

Digamos que aproximadamente entre los cuatro y seis años vivía con mis padres y mi abuela materna en las proximidades del camino Maldonado, en el kilómetro 20 y 1/2. Un fraccionamiento nuevo de terrenos grandes, del orden de los 2000 m2. Y sí mis primeros recuerdos son de esa época.

 

Por la normalmente desierta calle Andrómeda circuló una camioneta blanca iban regalando álbumes de figuritas. La calle se llenó de niños y mayores que rodeaban el vehículo. Un hombre hablaba a través de un megáfono. Yo no entendía de qué se trataba el asunto, eso lo tengo claro, pero me dijeron que pidiera un álbum. En ese momento arrancó la camioneta y siguió su recorrido en la bajada que hacía la calle a unos metros de mi casa. Corrí y corrí. Grité y grité. Hasta que me caí. Volví cabizbajo, no puedo asegurarlo, pero seguramente llorando y sin álbum. Obviamente mi viejo había recogido uno antes de decirme que fuera a buscarlo. Hace media hora, con motivo de este trabajo pensé un poco más. Sin duda era el año 1954, antes del mundial del famoso partido con Hungría. Debió haber sido a principios del otoño de ese año, yo tenía cuatro años.

 

Después de que caminamos mucho con mis padres, mi abuela y mi hermana más chica llegamos a un lugar con mucha gente. Muchos niños con sus padres y abuelos. Igual que yo. Esta circunstancia era distinta, todos estaban vestidos especialmente, con eso quiero decir no estaban de entrecasa. Había un silencio grande alternado con cantos y un hombre con vestimentas extrañas, vistosas y un gran gorro. Yo estaba con mi padrino, no con mis padres. Era un hombre más bien gordo y con muchos años. Tampoco en este caso entendía de qué se trataba el asunto. Y mis recuerdos no pasan de ahí.

Viéndolo más adelante, en perspectiva supe que se trataba de mi confirmación, el lugar a donde habíamos ido era la parroquia de Villa García. Y el oficiante era el Obispo de Montevideo, posiblemente fuera el Cardenal Barbieri.

Era una fecha que podría haber peguntado y que seguramente puedo averiguar aún hoy en la iglesia. De todos modos sí recuerdo el día que cumplí 5 años, un día lluvioso en que fui a casa de mi padrino, que vivía pegado a mi casa, para recibir el regalo, como correspondía. No podía ser el día que cumplí seis porque era un día hermoso de sol en el que fugazmente fui a la escuela. Pero tengo otro recuerdo. Mi padrino me había regalado algo antes. Pudo ser cuando cumplí cuatro años o fue posiblemente el día de mi confirmación. Eso no lo sé. Tendría entonces cuatro años y la fecha no difiere mucho con la del recuerdo anterior.

Si bien esto que les contaré no es mi recuerdo más antiguo, sí es de la época, de mis cinco años. Es el recuerdo de un viaje que hice en tren. Muchos años después lo redacté como cuento, para mi nieta mayor cuando comenzó a leer. Fue el primer cuento que escribí.



sábado, 26 de septiembre de 2020

BORGES Y EL CUENTO BREVE. PROSA Y POESÍA.


 Este vídeo está armado a partir del podcast que hemos preparado para comentar las preferencias literarias de Jorge Luis Borges, en particular teniendo en consideración lo que opina El premio Novel de literatura 2010, Mario Vargas Llosa, en su último libro "Medio siglo con Borges". Se incluyen algunos comentarios de la entrevista que la periodista argentina Leila Guerriero hiciera respecto de este libro.


ADIOS A UN COMPAÑERO

  Falleció ayer, 2 de mayo de 2026, el Dr Luis Alberto Beguiristain Francia – amigo de toda la vida, excelente estudiante, profesor, médico ...

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