martes, 25 de agosto de 2020

JUEGO DE EPÍSTOLAS


   I
ndignados por el maltrato al que son sometidos en un hospital dos pacientes preparan una lista del personal que debería morir. Tan solo una forma de puesta a tierra psicológica. Lo escrito comienza a hacerse realidad. El mundillo interior de engaños, falsificación de análisis y chantajes y ocultamientos comienza a salir a la luz. Un detective novato es llamado a intervenir. Hay muchos sospechosos y varios crímenes diferentes. Con tropiezos comienza a avanzar en un ambiente desconocido y con amigos que a su vez son sospechosos.

martes, 18 de agosto de 2020

RETO LITERAUTAS los primeros microrelatos de la pandemia

 Cada relato debía incluir  palabras prestablecidas.


19/3/20 REMEDIO

Al salir del supermercado, en medio de la vereda, alguien había colocado una inocente botella, cuyo rótulo rezaba “Elixir contra el coronavirus”

«¿Cuál será la trampa?» Me pregunté mientras el objeto volaba hacia la calle luego de recibir tremenda patada. Me asusté cuando lo observé chocar contra un vehículo cuyas luces destellaban.

De él bajaron unas personas con túnicas blancas. Me miraron, mientras me apoyaba en un árbol, mareado por el aumento de la fiebre.

 

20/3/20 PANDEMIA

Desde el extraño búnker me he detenido a observar la ciudad después de la guerra. Casi cien años hemos avanzado hacia el pasado, la guerra química es un hecho. No resuenan las bombas, todo es silencio. Miro hacia el exterior los comercios cerrados, tapiados y una mínima cantidad de personas se esconden detrás de sus máscaras protectoras.

A pesar de la fiebre me he acercado a la puerta, es posible que ya se pueda salir. Somos solo dos.

Desde el espejo un anciano gris me mira de manera poco amistosa. En lugar de guadaña tiene un bastón. Luce una especie de capa larga y gris y tiene la capucha recogida mostrando su palidez.

Abro la puerta del ascensor, el sujeto ha ingresado antes que yo y continúa con su vista fija en mí. Intento volver hacia la ventana, lo logro.

Me sigue. Me recuerda a alguien. No puedo ubicar a quién.

Cinco pisos más abajo los canales están secos. Imagino que esperará que crezca el funesto Aqueronte para partir. Tomará su barca, varada ahora, y utilizará el bastón como remo.

Desde la ventana lo saludaré.

 

21/3/20 JUEGOS DE CUARENTENA

Los niños no deberían vivir en apartamentos, ni tendríamos que inventarles tareas. Deberían poder jugar y correr por los patios de la vecindad, como cuando yo era niño. Pero en este confinamiento en que vivimos, en este quedarnos todos en casa, hay que mirar todo como un juego nuevo.

El angosto pasillo se ha transformado en cancha de fútbol y nadie puede pasar. Me duelen las piernas de tanto intentar parar los pelotazos y este pequeño e incansable individuo no sabe o no quiere hacer otra cosa.

Alguien abre la puerta, miro hacia atrás, hacia el estar y observo una complicada estructura de bancos y sillas superpuestos, formando una especie de casa de muñecas. Completa, con cortinas, mesitas y todo lo que se pueda imaginar.

Pero sucede lo imprevisto, o lo demasiado previsto. En ese momento el delantero patea y el portero está distraído, la red está abierta y la pelota golpea de lleno la frágil estructura.

Ayudamos todos a reconstruir, hasta el futbolista, pero el conejo electrónico no aparece.

Llantos y más llantos, gritos y alguien que se va a acostar temprano.

Al cabo de un rato sale y dice: —yo también voy a jugar a la pelota.

—¡No! Por favor busquemos ese animal perdido. Otra vez, colaboremos todos.

Al final el juguete estaba debajo de la cama.

 

22/3/20 MENSAJE

 

23/3/20 TRABAJO

Con su vestimenta de ejecutiva desalineada, con un enorme tapabocas celeste, deambula por las calles vacías. Demasiados días de teletrabajo la adormilaron.

¡Al fin un día de trabajo real! El sol se alineó con la avenida y enrojeció los plátanos tempraneros, pero solo ella despertó.

Toda la noche soñó con volver a compartir con otros humanos y solo ha visto rostros serios, escondidos, lejanos, menos expresivos  que los de sus odiadas imágenes de ordenador.

Las cortinas metálicas se han erigido en murallas a las puertas de los comercios. Apenas, en la plaza,

 

24/3/20 DERECHOS

Acostumbrados a gritar por nuestros derechos olvidamos que son la consecuencia de nuestras obligaciones.

Así, al principio, a pesar de las advertencias las personas continuaron viajando y exigieron que se las repatriara cuando se cancelaron los vuelos.

Las autoridades lo consideraron lógico. También continuaron yendo a fiestas de mil personas y disfrutaron de los días de playa que quedaban al verano.

Ignoraban que llevaban y ofrecían un invitado indeseable. Pero claro tenían derecho a ello, y el invitado también. Como el camaleón, viajó por las hojas de la jungla humana, por todo el planeta, sin avisar.

Las propias lágrimas albergan al huésped y solo al secarse, con los ojos abiertos al esfuerzo, vendrán aires de verdadera libertad.

 

25/3/20 PUEBLO BLANCO

Había que mejorar la convivencia y a los López no se les ocurrió mejor idea que salir a visitar un pueblo abandonado, de esos que la carretera formó hace doscientos años y que el siglo XXI dejó de lado. El furgón grande no llamó la atención en la carretera.

Bajaron, corrieron por la plaza, tomaron muchísimas selfies. En los otrora verdes bancos tuvieron su picnic.

Puertas y ventanas tapiadas, incluyendo la prolija capilla de plaza de pueblo chico.

Supusieron que los antiguos pobladores habrían emigrado a la ciudad, o al campo. Esos campesinos miedosos… Todo por otra gripe.

Todo estaba vacío, ni las almas de los difuntos moraban allí.

Entraron en el bar. Una sola mesa prolija, una sola mesa con mantel. Habían permanecido inalteradas las botellas detrás del mostrador. Un extraño y mal escrito cartel indicaba: “sírvase usted mismo y deje el importe en la caja”.

El día pasó muy rápido, lo opuesto de lo que sucedía dentro de su sitiada casa. Anocheció de pronto. ¡Qué fastidio! Volver a la prisión.

Pero entonces: ¡cuánta mala suerte! Una rueda pinchada.

Desde la carretera, próximo al cartel que indica pueblo blanco, no se percibe el olor a muerte.

 

26/3/20 REGRESO

Las calles se poblaron de incrédulos transeúntes. Volvieron los vehículos con sus bocinazos de festejo. Por un día parecieron olvidar sus diferencias políticas y se habló, por última vez del coronavirus.

Durante horas hubo propuestas, no olvidar, continuar trabajando juntos, de lo que habían aprendido en el encierro.

Muchos pidieron continuar con el teletrabajo. Habían redescubierto que el contacto con la familia, con los hijos no se podía canjear por dinero, ni por una posición personal en una empresa impersonal.

Los comercios se llenaron de personas que miraban y curioseaban, nadie compraba.

No todo había terminado, amenazas ya previstas comenzaban a mostrar su rostro.

En su casa Juan y María, con gran esfuerzo, después de comprobar que continuaban con fiebre se levantaron de sus camas. Los hermanos miraron por la ventana.

Las calles se poblaron de incrédulos transeúntes. Volvieron los vehículos con sus bocinazos de festejo. Por un día parecieron olvidar sus diferencias políticas y se habló, por última vez del coronavirus.

Durante horas hubo propuestas, no olvidar, continuar trabajando juntos, de lo que habían aprendido en el encierro.

Muchos pidieron continuar con el teletrabajo. Habían redescubierto que el contacto con la familia, con los hijos no se podía canjear por dinero, ni por una posición personal en una empresa impersonal.

Los comercios se llenaron de personas que miraban y curioseaban, nadie compraba.

No todo había terminado, amenazas ya previstas comenzaban a mostrar su rostro.

En su casa Juan y María, con gran esfuerzo, después de comprobar que continuaban con fiebre se levantaron de sus camas. Los hermanos miraron por la ventana.

Las calles se poblaron de incrédulos transeúntes. Volvieron los vehículos con sus bocinazos de festejo. Por un día parecieron olvidar sus diferencias políticas y se habló, por última vez del coronavirus.

Durante horas hubo propuestas, no olvidar, continuar trabajando juntos, de lo que habían aprendido en el encierro.

Muchos pidieron continuar con el teletrabajo. Habían redescubierto que el contacto con la familia, con los hijos no se podía canjear por dinero, ni por una posición personal en una empresa impersonal.

Los comercios se llenaron de personas que miraban y curioseaban, nadie compraba.

No todo había terminado, amenazas ya previstas comenzaban a mostrar su rostro.

En su casa Juan y María, con gran esfuerzo, después de comprobar que continuaban con fiebre se levantaron de sus camas. Los hermanos miraron por la ventana.

 

27/3/20 TORNADO

Como un tornado llegó la niña gritando que su padre tenía que asistir a un enfermo.

—¿Quién lo dice? Nunca quise, ni tengo nada que ver con la salud, ni con enfermos, ni enfermedades, nada de eso.

—No sé, ahí afuera hay un vehículo policial esperando por ti —insistió.

—Pues que esperen… Analizaré primero las medidas de seguridad que debo tomar. La prensa y las redes han dicho tantas cosas disímiles. Tomó la mascarilla, los guantes, alcohol en gel… y salió.

Se escucharon golpes en la puerta. —Es la policía. Abran, por favor.

Todos en la casa permanecieren expectantes esperando el regreso de su padre, de modo que escucharon el leve ruido de la puerta al abrirse.

—¿Y cómo te ha ido cobarde, has podido arreglar algo? —preguntó su esposa.

—Por supuesto, pero tomar precauciones no es ser miedoso, es no ser inconsciente. No era nada demasiado complicado, no sé por qué no consultaron por internet. En fin. Solo necesitaban que les tradujera un manual.

 

28/3/20 RISAS

Son las tres de la mañana. Se escucha una risa en el piso de abajo, o en cualquier otro. En este edificio es imposible saber desde donde proviene el sonido. Las ondas se propagan por los ductos y resuenan amplificándose.

En un momento normal me hubiera enfurecido, en un momento normal nadie hubiera reído a las tres de la mañana.

Pero hoy… en cuarentena, todavía no me había podido dormir. Hace apenas media hora que me acosté. Me levanto a prepararme un café.

De pronto me doy cuenta que río también. ¿De qué? De la risa. Del momento. Río porque es bueno.

Mi esposa algo dormida llega a la cocina y me observa extrañada.

—No he tomado nada —aclaro y ella también ríe.

Escucho ruidos… debo de haber despertado a otros vecinos, o quizá los despertó quien rio primero. No lo sé.

Oigo otras risas. No son las mismas que escuché al principio. Ahora todos en el edificio ríen.

 

 

 

martes, 28 de julio de 2020

UNA CELEBRACIÓN DIFERENTE

Después de varios meses volví a asistir a misa. No lo hacía desde antes de la cuarentena forzosa. Cuando volvieron a abrirse las iglesias no fui. Hoy es el día de Nuestra Señora de Betharram, la del ramo hermoso. Nunca falto. Siempre me emociona ver la hermosa escultura en mármol blanco de la virgen y el niño. Sé que estuve en ese pueblito vasco francés, contra los Pirineos.

He continuado con la misa a través de internet. Personalmente tiene muchas ventajas, una de ellas es que oigo bien.

Me molestó la música, no escuchaba las lecturas de las personas con tapabocas. Me pregunté por qué razón no había desplazado el ambón para que se pudiera leer sin este adminículo. Me molestaron las personas. Mujeres y hombres que son como yo. Yo soy uno de ellos. Abrigado, enmascarado, casi escondido, irreconocible como todos.

El diablo, en nombre de un supervisor extraño de este nuevo mundo distópico, bajo el aspecto de protocolo exige tus datos personales. ¿No tan alejado de la mención del texto del apocalipsis de hace dos mil años? El control innecesario de una pandemia ficticia.

Me faltaba el encuentro con Jesús en la comunión. Desde que llegué nada me había sabido bien. Después de recibirla fui otro.

Hace justo un año salía de seis operaciones y comenzaba con un tratamiento de inmunoterapia. Voy en la quinceava dosis.

Recordé al sacerdote que antes de la última intervención acercó a mi casa la eucaristía.

Hoy pude agradecer a nuestra madre haber podido superar un año más y el hecho de sentirme bien, a pesar de mi falta de paciencia. Hace un año un amigo me explicó sobre el tratamiento que yo estaba por comenzar. Hoy me duele saber que con total hidalguía está muriendo.


sábado, 25 de julio de 2020

NUEVO PRINCIPIO

El enemigo cayó, los dardos esféricos han muerto. Las cárceles ya no tienen rejas, se han abierto las jaulas. Atrás ha quedado encerrado el espanto, el hastío y el confinamiento.  

 

Cuanta alegría cuando lo supe, la música corre por las calles. Tiremos los tapabocas; fuera el perfume con olor a desinfectante. Besaré a todas las chicas, algunos cachetazos como caricias recibiré. Continuemos sin oficinas, ¡salve el teletrabajo! Adiós a las aulas, ¡no perdamos la teleconferencia!

 Las calles se agitaron, los colores intensos resurgieron, el sol colaboró y las nubes se dejaron llevar por el suave viento. Por un momento los pájaros volvieron a sentirse extraños.

 Ensimismado bailaba cuando el móvil anunció un mensaje…    

¡Vaya suerte! Usted ha obtenido el premio mayor; chicas y chicos me rodearon. Leí en voz muy alta: ¡usted ha ganado un crucero por el Caribe!                  

 Inmensamente solo, desde la vereda mirando el mar agitado vislumbré un crucero del pasado, con su pesada carga de cuarentena. Un barco entre la niebla al que en ningún puerto recibían. Un navío fantasma habitado por angustiadas almas sin tiempo.

 El temor futuro, donde todo se transformara en círculos de alegría y miedo hizo que valorara mejor el festejo. Midiendo en mí conciencia que no puedo vivir sin consecuencias.


miércoles, 25 de diciembre de 2019

CELEBRACIÓN DE NAVIDAD EN LA CÁRCEL


En singulares oleadas pocos presos van llegando desde las barracas y en silencio ocupan los largos bancos de madera que ellos mismos han construido y lustrado. La capilla de la cárcel se llena de murmullos.
    El Obispo, los sacerdotes y los integrantes de la pastoral, de pie junto al bebé en pañales, los reciben con la simpatía de siempre.
   Ahí está el nuevo. Donald, el que ha comenzado a purgar una pena que supone será de siete años. En silencio continúa descargando su dolor en una especie de confesión, de la cual aún no puede salir. Mató a un hombre que a su vez había asesinado a su hermano, delante de los hijos. Actuó en venganza y también mató. Las imágenes se repiten una y otra vez en su mente. Era su obligación proceder así. Era su deber. Se lo enseñaron desde niño.
   Miro a Omán, a quien compré un tapiz que tejió en lana con figuras de caracoles rojos. Muy artístico. El tiempo de los presos da para mucho. Pagué por él dos quilos de yerba Canarias, cuatro paquetes de tabaco de armar Cerrito y cuatro paquetes de hojillas. Llevaba años. Ahí mismo se bautizó. Vive en un recodo del arroyo Pando y sé que no debo visitarlo.
   También veo a Denzel quien un día de invierno concurrió de ojotas. No llegó a tiempo para los pocos pares de medias gruesas que distribuimos. Me comprometí a llevarle zapatos adecuados. Calza 42, igual que yo. En algún lado tenía botas nuevas, las había comprado al final de la temporada pasada. Esos días, pasé más frío yo, pensando en que no se las había llevado, que él mismo. Cuando, a la visita siguiente contento atravesé la guardia el hombre ya no estaba. Los reclusos de su barraca habían sido trasladados debido a una trifulca. Colchones quemados, cortes (perfiles de hierro de hasta un metro de largo), bloques partidos, trozos de techo, todo sirve como arma. Terminó con un chico muerto.
   Ahí está el que solicitó traslado desde la cárcel de Tacuarembó para poder estar con su hermano. “Claro robo carteras. ¿Trabajando en qué voy a ganar lo que gano así? Desde pequeño vi a mi padre y a mi tío llegar con cajas llenas de joyas. Espero que mi hijo vea distinto. Con su madre también presa…”. Todavía hoy me sorprende su cultura y su optimismo. No pude despedirme cuando salió.
   Hoy William firmó la sentencia, le dieron 7 años y medio, esperaba 8. Lleva casi tres años. No quiere calcular cuántos le quedan, no se anima a pronunciar el número. Está muy deprimido. Está sentado justo al lado de Diego que se va en un mes.
William ha llegado del juzgado y dice: —cuando salgo, no me da la vista para mirar todo —su cara se tensa y revolea los ojos imitando ese momento.
   Durante el periodo de espera se nos acercó un recluso: Dylan. Nos dejó su número de teléfono. Mañana sale en libertad luego de dieciocho años y algunos meses. Hacía días que disfrutaba de salidas transitorias. El hombre despeinado por el viento, pintaba el frente del edificio penitenciario. En la cárcel aprendió a hacer trabajos de albañilería, trabaja ahí por un salario muy mínimo. Es de Sauce, tiene donde vivir: la casa que fuera de su madre. La está arreglando. Necesita trabajo. No quiere volver a delinquir. Es una situación complicada por sus antecedentes, como lo es para todos los que salen. Ya tiene 51 años de edad. Es una persona reposada. Hasta hoy, la cárcel ha sido su hogar.

   —Hoy muy temprano salió Rodrigo —nos comenta el operador carcelario— no tenía dinero para pagar el ómnibus. Se fue caminando.
   Tenemos que adelantar la salida. Uno de ellos ha subido al punto más alto de la escalera que lleva a los tanques de agua. Ahí permanece, lo vemos. El patio ha quedado vacío. Mirta le saluda con la mano y le dice, como es su costumbre, “Dios te ama”. Nos quedamos viendo, de alguna forma apoyándole para que baje. Un guardia de particular le habla. Desciende un tramo. A mitad de camino para y pone su mano en forma de arma. Y le dice algo: si cuando baje no cumple lo que ha prometido lo matará, a él o a alguno de los otros.
   El agente nos dice: no saben la cantidad de situaciones dramáticas, similares a esta que presenciamos, “las cosas que vemos aquí”.

   Como quisiera estar presente en la celebración de Navidad, pero esta terca enfermedad no me lo permite hoy.


martes, 10 de diciembre de 2019

RECUERDOS DE UN VIAJE LEJANO



  En la década de los 90 solía trabajar con empresas de Bilbao. Tomaba contacto con distintos proveedores, asistía a ferias de electrónica, a la cámara de comercio. Esos asuntos me ocupaban durante una semana. Después me convertía en turista.

  Un año me acompañó mi esposa. Pensábamos continuar por la costa del Cantábrico hasta San Sebastián, buscar un lugar pintoresco por donde atravesar los  Pirineos, quizá el paso más cercano. En Francia dirigirnos a la costa azul y llegar hasta Mónaco. Completar el regreso a Madrid con una visita a Barcelona.

Mientras viajábamos hacia el sur de Irún, una amplísima zona en reparación nos desvió. Una ruta sin carteles en medio de la nada, una noche temprana, en una época sin gps.

  Fue así que terminamos en Pamplona. Entramos en una ancha avenida, doble vía. Frente a un semáforo grité a un hombre que cruzaba:
     —Un hotel por aquí cerca.
     —A dos calles —dijo señalando una lateral
Una señora que caminaba en sentido contrario agregó:
     —Un edificio con frente blanco y aberturas verdes.
Agradecí con una seña. Más sencillo imposible, doblé a la derecha en el mismo semáforo y tremendamente cansados nos alojamos en un lindo y económico recinto. A la mañana siguiente, antes de partir, recorrimos algunas cuadras de una pintoresca ciudad. Regalos del destino.

  Pensábamos en algún momento, cosa que hicimos casi diez años después, recorrer el camino del peregrino. Pero ese primer y anecdótico trayecto quedaría solo como un paseo hermoso, un recorrido de su comienzo en sentido inverso, para llegar finalmente a la ciudad donde, según Cohelo, se inicia.
Tuvimos la fortuna de cruzar Roncesvalles, Valcarlos y finalmente pernoctar en Saint Jean Pied du Port.
  Y no estoy hablando solo del paisaje cambiante, de las casas de madera con jardineras colgantes en flor, de algún rancho aislado, de los ríos de montaña. Me refiero a la “chanson de Roland”.
Los lugares suelen contarnos hechos diferentes, que sumados a lo que conocemos de antemano, a lo que cuentan los lugareños o lo que hoy podemos leer en la red, forjan un relato único y propio. Que no es la inexistente historia, simple e inexacta memoria de los acontecimientos. Una reminiscencia del mundo que intenta masificar las cosas, es sobre todo el latir de pueblos diferentes.

  Los que hoy ya cumplimos los 70 leemos la historia reciente y sabemos que no fue como está escrita. No  podemos esperar menos de hechos que ocurrieron hace un milenio.
Si fueron los sarracenos o los vascos con piedras. Si fue en el siglo nueve, relatado en el once el primer poema épico en lengua romance... Lo que estremece es el camino milenario, es ser peregrino, es lo que somos y lo que pisamos.

  Al cruzar la frontera, automáticamente paré en la guardia fronteriza. Ningún otro vehículo lo hacía en una Europa ya casi unificada. El guardia francés me pidió la visa. Le expliqué que hacía seis meses los requisitos para ciudadanos de mi país habían cambiado, ya no se necesitaba. La noticia no había llegado al guardia, quien se dedicó a buscar en unos gruesos archivadores repletos de expedientes. Finalmente llegó el hombre y me dijo que tenía razón que había encontrado el decreto y no necesitaba visa. De todos modos procedió a estampar el sello en el pasaporte, diciendo en francés con una amigable sonrisa:
    —Ah, lo  que usted quería era esto. —y en nuestros pasaportes quedó grabado en azul un nombre y la imagen de un mundo montañoso.

  Realizamos el recorrido como teníamos pensado y volvimos a Madrid, desde donde partiríamos a última hora hacia Montevideo. Paramos en la plaza de España. Yo estaba muy acostumbrado a viajar solo, a recorrer los lugares supuestamente peligrosos, la noche en Bogotá o los barrios bajos de Ámsterdam. Simplemente usaba mis pantalones vaqueros más viejos y algún buzo algo raído, un gorro de lana. Nadie me confundiría con un turista, como mucho lo harían con un ladrón. Ese día no fue así.

  Un chico, con tono rioplatense, se acercó a mi señora que estaba en la parte de atrás del citroen de alquiler, con la puerta trasera levantada y le preguntó dónde se encontraba la estación de metro Opera. Ella me llamó. Caminé unos metros para explicarle y cuando volví ya no estaba su cartera. Con ella volaron los pasaportes, los pasajes de avión y muchas cosas más.

  Visto con cierto sentido del humor se alargaron las vacaciones. Mate y termo y un agradable paseo por el parque de Retiro, y una forma de ganar el contacto con los chicos del lugar. Esa extraña bebida había despertado su curiosidad.

  Todavía tengo un grato recuerdo del cruce fronterizo y una vaga idea del sello que no llegué a ver dos veces.

sábado, 16 de noviembre de 2019

MI BAUTISMO






La parroquia de Nuestra Señora de los Dolores, (Tierra Santa) ha tenido un hondo significado para mi vida católica.
Días pasados en su homilía el Cardenal Daniel Sturla nos hablaba de la importancia del momento de nuestro bautismo. Cuando comenzamos a formar parte de la iglesia católica, Del recordar el sitio donde fuimos bautizados.
Comentó que cuando fue ordenado obispo hizo buscar la pila bautismal en la cual fue bautizado. Es así que me dije, la próxima vez que vaya por la parroquia de Tierra Santa tomaré una foto de la pila bautismal. No será la misma… pero el significado sí.
Ayer estuve en la parroquia, cuál no sería mi sorpresa cuando el párroco de la misma, Pbro. Dr. Ricardo Ramos que es a su vez el Rector de la Facultad de Teología del Uruguay me dijo:

          —Hoy movimos la pila bautismal a su lugar original, después de muchos años. Restauramos el baptisterio. La parroquia tiene cien años y esta pila bautismal tiene ochenta.

          —A mí me bautizaron hace setenta años —respondí.

          —Entonces es sin duda la pila en que lo bautizaron a usted. Tome muchas fotos, esta es su pila bautismal y está en el mismo lugar donde lo bautizaron.

  En esta parroquia se casaron mis padres, me casé yo un 18 de diciembre de 1971, va a hacer 48 años. 
  Cuando cumplimos cuarenta años de casados fue el actual cardenal, en aquel momento Pbtro Daniel Sturla, el que ofició la misa en el convento de las hermanas Benedictinas en el Pinar.
Ayer 15 de diciembre de 2019 el Cardenal nos entregó los diplomas correspondientes al curso de Teología para Laicos de la Facultad de Teología del Uruguay.

ADIOS A UN COMPAÑERO

  Falleció ayer, 2 de mayo de 2026, el Dr Luis Alberto Beguiristain Francia – amigo de toda la vida, excelente estudiante, profesor, médico ...

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