Han sido muchos los Viernes Santos que he vivido, tantos como mi edad —76— muchos no los recuerdo, otros han sido tan similares que me parecen uno. Viajaré al pasado por alguno de ellos:
De niño recuerdo cercana y muy lejana aquella semana
entera de vacaciones. Una semana triste, sin música en la radio, porque había
muerto Jesús. La semana de la vuelta ciclística, la del bacalao del viernes, la
de ese vecino —gracioso— que ese día hacía un asado en el jardín. Las iglesias
(que eran dos en el pueblo y con mis padres íbamos a una de ellas). La semana
de salir un día al campo, un día de picnic familiar. Recuerdo en particular aquella
última en que nos acompañó la abuela. También los chicos del barrio teníamos
nuestra propia vuelta ciclista y uno de los días, después de mediodía, a la hora
de la siesta, tomábamos nuestras bicis y pedaleábamos por el pueblo.
El recuerdo más vívido es otro. Ya era un hombre
grande y fumaba. Sí, también hubo un
periodo de casi diez años en que fumé, y llegué a fumar mucho: dos cajillas de
veinte cigarros por día. No comer carne un día no era un gran sacrificio,
aunque sí que comíamos mucha carne en este país ganadero. Como no trabajábamos esa
semana volvíamos al pueblo. Se me ocurrió agregar algo: no fumar el Viernes
Santo. Ese sí, era un sacrificio grande. Todo un día sin saber que hacer con
las manos y el cuerpo pidiendo ingerir algo de humo tóxico. Hasta que llegaban
las doce de la noche, en teoría ya estábamos en sábado, pero un esfuercito más
no costaba nada. No duró mucho, quizá tres años, luego dejé el cigarrillo definitivamente.
Tiempo después, ya no fumaba, sustituí no fumar
por no beber alcohol ese día. Hoy continúo haciéndolo. No agregué un sacrificio
muy grande.
Algunos años fui al viacrucis de la iglesia. Esta
semana confundí el horario y encontré la iglesia el balneario cerrada. Muchos de
los viacrucis consistían en una mera representación casi teatral, con mucho público.
Era más sentido participar cualquier viernes de cuaresma. Aunque me vaya de
tema, un miércoles de la semana de carnaval, paso por el centro del barrio para
ir a buscar a mi señora y mi nieta que había ido a misa, una misa a mitad de la
tarde. Llegué tarde y me estaban esperando en una zona de juego para niños. Mi nieta,
y mi señora también, tenían una mancha con forma de cruz en la frente. En ese
momento descubrí lo que era el Miércoles de Ceniza. Veinte años después la marca
la realizan sobre la cabeza, en la zona cubierta por el cabello ¿para qué no se
vea al salir? Una marca con las cenizas de las ramas de olivo benditas durante
el domingo de ramos del año anterior. “Convierte y cree en el evangelio (antes
se decía “del polvo vienes y en polvo te convertirás”.
