Indignados por el maltrato al que son sometidos en un hospital dos pacientes preparan una lista del personal que debería morir. Tan solo una forma de puesta a tierra psicológica. Lo escrito comienza a hacerse realidad. El mundillo interior de engaños, falsificación de análisis y chantajes y ocultamientos comienza a salir a la luz. Un detective novato es llamado a intervenir. Hay muchos sospechosos y varios crímenes diferentes. Con tropiezos comienza a avanzar en un ambiente desconocido y con amigos que a su vez son sospechosos.
martes, 25 de agosto de 2020
JUEGO DE EPÍSTOLAS
Indignados por el maltrato al que son sometidos en un hospital dos pacientes preparan una lista del personal que debería morir. Tan solo una forma de puesta a tierra psicológica. Lo escrito comienza a hacerse realidad. El mundillo interior de engaños, falsificación de análisis y chantajes y ocultamientos comienza a salir a la luz. Un detective novato es llamado a intervenir. Hay muchos sospechosos y varios crímenes diferentes. Con tropiezos comienza a avanzar en un ambiente desconocido y con amigos que a su vez son sospechosos.
martes, 18 de agosto de 2020
RETO LITERAUTAS los primeros microrelatos de la pandemia
Cada relato debía incluir palabras prestablecidas.
Al salir del supermercado, en medio de
la vereda, alguien había colocado una inocente botella, cuyo rótulo rezaba
“Elixir contra el coronavirus”
«¿Cuál será la trampa?» Me pregunté mientras el
objeto volaba hacia la calle luego de recibir tremenda patada. Me asusté cuando
lo observé chocar contra un vehículo cuyas luces destellaban.
De él bajaron unas personas con túnicas blancas. Me
miraron, mientras me apoyaba en un árbol, mareado por el aumento de la fiebre.
20/3/20 PANDEMIA
Desde el extraño búnker me he detenido a observar
la ciudad después de la guerra. Casi cien años hemos avanzado hacia el pasado,
la guerra química es un hecho. No resuenan las bombas, todo es silencio. Miro
hacia el exterior los comercios cerrados, tapiados y una mínima cantidad de
personas se esconden detrás de sus máscaras protectoras.
A pesar de la fiebre me he acercado a la puerta, es
posible que ya se pueda salir. Somos solo dos.
Desde el espejo un anciano gris me mira de manera
poco amistosa. En lugar de guadaña tiene un bastón. Luce una especie de capa
larga y gris y tiene la capucha recogida mostrando su palidez.
Abro la puerta del ascensor, el sujeto ha ingresado
antes que yo y continúa con su vista fija en mí. Intento volver hacia la
ventana, lo logro.
Me sigue. Me recuerda a alguien. No puedo ubicar a
quién.
Cinco pisos más abajo los canales están secos.
Imagino que esperará que crezca el funesto Aqueronte para partir. Tomará su
barca, varada ahora, y utilizará el bastón como remo.
Desde la ventana lo saludaré.
21/3/20 JUEGOS DE CUARENTENA
Los niños no deberían vivir en apartamentos, ni
tendríamos que inventarles tareas. Deberían poder jugar y correr por los patios
de la vecindad, como cuando yo era niño. Pero en este confinamiento en que
vivimos, en este quedarnos todos en casa, hay que mirar todo como un juego
nuevo.
El angosto pasillo se ha transformado en cancha de
fútbol y nadie puede pasar. Me duelen las piernas de tanto intentar parar los
pelotazos y este pequeño e incansable individuo no sabe o no quiere hacer otra
cosa.
Alguien abre la puerta, miro hacia atrás, hacia el
estar y observo una complicada estructura de bancos y sillas superpuestos,
formando una especie de casa de muñecas. Completa, con cortinas, mesitas y todo
lo que se pueda imaginar.
Pero sucede lo imprevisto, o lo demasiado previsto.
En ese momento el delantero patea y el portero está distraído, la red está
abierta y la pelota golpea de lleno la frágil estructura.
Ayudamos todos a reconstruir, hasta el futbolista,
pero el conejo electrónico no aparece.
Llantos y más llantos, gritos y alguien que se va a
acostar temprano.
Al cabo de un rato sale y dice: —yo también voy a
jugar a la pelota.
—¡No! Por favor busquemos ese animal perdido. Otra
vez, colaboremos todos.
Al final el juguete estaba debajo de la cama.
22/3/20 MENSAJE
23/3/20 TRABAJO
Con su vestimenta de ejecutiva desalineada, con un
enorme tapabocas celeste, deambula por las calles vacías. Demasiados días de
teletrabajo la adormilaron.
¡Al fin un día de trabajo real! El sol se alineó
con la avenida y enrojeció los plátanos tempraneros, pero solo ella despertó.
Toda la noche soñó con volver a compartir con otros
humanos y solo ha visto rostros serios, escondidos, lejanos, menos expresivos que
los de sus odiadas imágenes de ordenador.
Las cortinas metálicas se han erigido
en murallas a las puertas de los comercios. Apenas, en la plaza,
24/3/20 DERECHOS
Acostumbrados
a gritar por nuestros derechos olvidamos que son la consecuencia de nuestras
obligaciones.
Así, al
principio, a pesar de las advertencias las personas continuaron viajando y
exigieron que se las repatriara cuando se cancelaron los vuelos.
Las
autoridades lo consideraron lógico. También continuaron yendo a fiestas de mil
personas y disfrutaron de los días de playa que quedaban al verano.
Ignoraban
que llevaban y ofrecían un invitado indeseable. Pero claro tenían derecho a
ello, y el invitado también. Como el camaleón, viajó por las hojas de la jungla
humana, por todo el planeta, sin avisar.
Las
propias lágrimas albergan al huésped y solo al secarse, con los ojos abiertos
al esfuerzo, vendrán aires de verdadera libertad.
25/3/20 PUEBLO BLANCO
Había que
mejorar la convivencia y a los López no se les ocurrió mejor idea que salir a
visitar un pueblo abandonado, de esos que la carretera formó hace doscientos
años y que el siglo XXI dejó de lado. El furgón grande no llamó la atención en
la carretera.
Bajaron,
corrieron por la plaza, tomaron muchísimas selfies. En los otrora verdes bancos
tuvieron su picnic.
Puertas y
ventanas tapiadas, incluyendo la prolija capilla de plaza de pueblo chico.
Supusieron
que los antiguos pobladores habrían emigrado a la ciudad, o al campo. Esos
campesinos miedosos… Todo por otra gripe.
Todo estaba
vacío, ni las almas de los difuntos moraban allí.
Entraron
en el bar. Una sola mesa prolija, una sola mesa con mantel. Habían permanecido
inalteradas las botellas detrás del mostrador. Un extraño y mal escrito cartel
indicaba: “sírvase usted mismo y deje el importe en la caja”.
El día
pasó muy rápido, lo opuesto de lo que sucedía dentro de su sitiada casa.
Anocheció de pronto. ¡Qué fastidio! Volver a la prisión.
Pero
entonces: ¡cuánta mala suerte! Una rueda pinchada.
Desde la
carretera, próximo al cartel que indica pueblo blanco, no se percibe el olor a
muerte.
26/3/20 REGRESO
Las calles se poblaron de incrédulos
transeúntes. Volvieron los vehículos con sus bocinazos de festejo. Por un día
parecieron olvidar sus diferencias políticas y se habló, por última vez del
coronavirus.
Durante horas hubo propuestas, no
olvidar, continuar trabajando juntos, de lo que habían aprendido en el
encierro.
Muchos pidieron continuar con el
teletrabajo. Habían redescubierto que el contacto con la familia, con los hijos
no se podía canjear por dinero, ni por una posición personal en una empresa
impersonal.
Los comercios se llenaron de personas
que miraban y curioseaban, nadie compraba.
No todo había terminado, amenazas ya
previstas comenzaban a mostrar su rostro.
En su casa Juan y María, con gran
esfuerzo, después de comprobar que continuaban con fiebre se levantaron de sus
camas. Los hermanos miraron por la ventana.
Las calles se poblaron de incrédulos
transeúntes. Volvieron los vehículos con sus bocinazos de festejo. Por un día
parecieron olvidar sus diferencias políticas y se habló, por última vez del
coronavirus.
Durante horas hubo propuestas, no
olvidar, continuar trabajando juntos, de lo que habían aprendido en el
encierro.
Muchos pidieron continuar con el
teletrabajo. Habían redescubierto que el contacto con la familia, con los hijos
no se podía canjear por dinero, ni por una posición personal en una empresa
impersonal.
Los comercios se llenaron de personas
que miraban y curioseaban, nadie compraba.
No todo había terminado, amenazas ya
previstas comenzaban a mostrar su rostro.
En su casa Juan y María, con gran
esfuerzo, después de comprobar que continuaban con fiebre se levantaron de sus
camas. Los hermanos miraron por la ventana.
Las calles se poblaron de incrédulos
transeúntes. Volvieron los vehículos con sus bocinazos de festejo. Por un día
parecieron olvidar sus diferencias políticas y se habló, por última vez del
coronavirus.
Durante horas hubo propuestas, no
olvidar, continuar trabajando juntos, de lo que habían aprendido en el
encierro.
Muchos pidieron continuar con el
teletrabajo. Habían redescubierto que el contacto con la familia, con los hijos
no se podía canjear por dinero, ni por una posición personal en una empresa
impersonal.
Los comercios se llenaron de personas
que miraban y curioseaban, nadie compraba.
No todo había terminado, amenazas ya
previstas comenzaban a mostrar su rostro.
En su casa Juan y María, con gran
esfuerzo, después de comprobar que continuaban con fiebre se levantaron de sus
camas. Los hermanos miraron por la ventana.
27/3/20 TORNADO
Como un tornado
llegó la niña gritando que su padre tenía que asistir a un enfermo.
—¿Quién lo
dice? Nunca quise, ni tengo nada que ver con la salud, ni con enfermos, ni
enfermedades, nada de eso.
—No sé,
ahí afuera hay un vehículo policial esperando por ti —insistió.
—Pues que
esperen… Analizaré primero las medidas de seguridad que debo tomar. La prensa y
las redes han dicho tantas cosas disímiles. Tomó la mascarilla, los guantes,
alcohol en gel… y salió.
Se
escucharon golpes en la puerta. —Es la policía. Abran, por favor.
Todos en
la casa permanecieren expectantes esperando el regreso de su padre, de modo que
escucharon el leve ruido de la puerta al abrirse.
—¿Y cómo
te ha ido cobarde, has podido arreglar algo? —preguntó su esposa.
—Por
supuesto, pero tomar precauciones no es ser miedoso, es no ser inconsciente. No
era nada demasiado complicado, no sé por qué no consultaron por internet. En
fin. Solo necesitaban que les tradujera un manual.
28/3/20 RISAS
Son las
tres de la mañana. Se escucha una risa en el piso de abajo, o en cualquier
otro. En este edificio es imposible saber desde donde proviene el sonido. Las
ondas se propagan por los ductos y resuenan amplificándose.
En un
momento normal me hubiera enfurecido, en un momento normal nadie hubiera reído
a las tres de la mañana.
Pero hoy…
en cuarentena, todavía no me había podido dormir. Hace apenas media hora que me
acosté. Me levanto a prepararme un café.
De pronto
me doy cuenta que río también. ¿De qué? De la risa. Del momento. Río porque es
bueno.
Mi esposa
algo dormida llega a la cocina y me observa extrañada.
—No he
tomado nada —aclaro y ella también ríe.
Escucho
ruidos… debo de haber despertado a otros vecinos, o quizá los despertó quien
rio primero. No lo sé.
Oigo
otras risas. No son las mismas que escuché al principio. Ahora todos en el
edificio ríen.
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